Verónica Mariaca Estrada, actriz profesional morelense, al interior del Centro de las Artes de Querétaro (CEART), trajo a la memoria que a su llegada a nuestra entidad, ya había resuelto dedicarse al teatro. Pese a que su padre quería que ella se desarrollara en la abogacía o medicina.
Tenía 16 años cuando debía incorporarse a la preparatoria; y, se enteró de los programas educativos del Centro de Educación Artística (CEDART) «Ignacio Mariano de las Casas» del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL), donde ingresó y tuvo la oportunidad de conocer a los docentes Gustavo Juan Silva Lemoine y Dulce María del Carmen Gutiérrez Sierra.
Paulatinamente; Verónica, desarrolló la pasión por inculcar el arte teatral en las infancias.
A estas alturas, recordó el instante en que hizo presencia el cáncer de mama en su vida, dado que se encontraba impartiendo lecciones de teatro infantil por tercer año consecutivo en el Museo de la Ciudad. Aquel tiempo estaba inmersa en el montaje de una pastorela, pero fue suspendido. Anteriormente, había tomado parte en la compañía Foro 9 con el maestro Silva y la maestra Ruth Enriqueta de la Colina Méndez.
Haber sido enterada por el doctor acerca del diagnóstico, constituyó un impacto muy fuerte, no podía aceptarlo, pensaba que estaba en una película y tal afectación era vivida por una tercera persona. Incluso, mientras se dirigía hacia trabajo social, el pasillo le resultaba eterno, la gente parecía desplazarse en cámara lenta.
En su pensamiento únicamente había espacio para sus hijos de 14 y 10 años, a causa de su inevitable temor vinculado con la muerte.
Afortunadamente la detección del cáncer en etapa 1, le permitió tratase y ser sometida a una mastectomía radical del seno derecho. Pese al distanciamiento de su quehacer histriónico durante un lustro mientras se recuperaba, tuvo la posibilidad de reintegrarse y volver a llevar a sus hijos al teatro.
A lo largo del período antes mencionado, Verónica interrumpió sus actividades por los efectos secundarios, generadores de náuseas, mareos, dolores de las articulaciones y de cabeza, a tal grado escaló la problemática que tomaron la decisión de mudarse a otra vivienda. Todo sucedió porque se encargaba de llevar a sus hijos a la escuela, y ocurrió que se vio impedida de manejar por las reacciones adversas citadas con antelación, principalmente el vómito.
Su hijo mayor en ese entonces estudiaba en el CEDART, a su vez, resultó ser un gran enfermero al igual que su hermano, ambos la cuidaban, estaban atentos a los horarios de sus medicinas y, también leían cuentos a fin de ofrecerle un mejor ambiente, en tanto se ubicaba recuperándose en cama.
Bajo esta tesitura, acentuó que el teatro ha sido muy útil para forjar la seguridad exhibida hasta ahora, ya que de entrada, la primera vez que se vio al espejo sin un seno fue por demás impactante, pese a ello, esa dura experiencia es considerada por la artista como una bendición. El motivo primordial radica en que no tener la mama dio lugar a la salvación de su vida.
No se percibía atractiva ni sexy, entonces depositó en la basura sus brasieres y blusas de tirantes, aún así, logró avanzar, en gran medida por contar con una pareja que no veía mal esa cicatriz en su cuerpo, al contrario, siempre la acompañó.
Tan abrigada estaba que, se permitía salir con sus playeras, a pesar de ello, las miradas de la gente en la calle, a la postre motivarían incomodidad. Razón por la cual decidió hacer algo en este respecto. Así que su esposo le compró una prótesis externa.
Si bien, la catarsis en el teatro integró una liberación muy profunda, el anhelo por retornar a escena no cesaba. En consecuencia, tomó un taller de escritura creativa impartido por la maestra Ana Bertha Cruces Dorantes, mientras transcurría la pandemia del COVID19.
En ese lapso escribió su monólogo «La varilla del brasier» que, en lo sucesivo, representaría un elemento clave para sanar. A este respecto, sus hijos le decían que lloraba al escribirlo toda vez que, equivalía a volver a vivir.
La etapa más dura del proceso era traer al presente la fase de su enfermedad en que requirió decirle a sus hijos que padecía cáncer. Nunca olvidará el semblante de su hijo menor cuando supo de la enfermedad que tenía su mamá.
El mensaje de su unipersonal está centrado en acentuar la relevancia de obtener un diagnóstico temprano, con el fin de conservar la vida y llevar un tratamiento lo menos agresivo posible.
Avanzaba el año 2017; Verónica acudió a consulta una vez que se sintió una bolita en el seno a través de la autoexploración.
Una revolución se generó en su organismo por haber tomado quimioterapia oral en el transcurso de cinco años. Apenas habían pasado dos, y su médico le notificó que los sangrados abundantes e hinchazón asociados al Tamoxifeno, indicaban que le debía ser retirada la matriz. El procedimiento quirúrgico se llevó a cabo.
Por otra parte, la asociación de Mujeres Unidas Contra el Cáncer de Mama (MUCCAM), ha sido un factor determinante en su restablecimiento, inicialmente, como consecuencia de haber sido partícipe en una exposición fotográfica de Demian Chávez, dentro de la cual, enseñaba la marca ubicada en su pecho después de la operación. Situación que le entusiasmaba, ya que impulsaría a otras mujeres a tomar conciencia, además de que el arte restablece.
Su esposo estuvo de acuerdo porque era un suceso inspirador para ambos, su hijo mayor hizo notar su contento puesto que, en virtud del alegre gesto de mamá, la paz se convierte en la energía necesaria y la felicidad en el mayor obsequio que pueden recibir. Por otra parte, Adrián minimizó las posibles opiniones ajenas, total, ninguna persona presenció lo vivido por ellos.
La imagen se expuso en el perímetro de la Alameda Hidalgo, hecho realmente enriquecedor y útil, ya que acentuaba la trascendencia de checarse y autoexplorase. En este sentido, Verónica habló sobre el caso de su tía Pati, quien tenía esos hábitos y así pudo saber a tiempo que padecía cáncer de mama.
Para la Intérprete, aún cuando el mes de octubre ayuda a incitar a las mujeres para que se efectúen la mastografía, todos los meses deberían ser rosas.
Las lágrimas vistas por el público en «La varilla del brasier» son auténticas, remarcó la creativa. Ella cuestionaba a Dios por qué había sufrido ese mal, a pesar de que la pregunta correcta era para qué atravesó ese episodio. En el cual, reconoció la valía de una red de apoyo incondicional, conformada por sus hijos, su esposo, demás familiares y compañeras de MUCCAM. Grupo de féminas donde conoció a la señora Silvia, una mujer diagnosticada con cáncer de mama hace quince años, quien sigue viva y personifica una fuente inagotable de estímulo.
Hoy por hoy, Mariaca trabaja con Raúl Ángeles en el Palacio de los Títeres, ahí desarrolla una función basada en el cuento «Mamá se va a la guerra» de la literata española Irene Aparici Martín e ilustrado por Mónica Carretero.
Obra en la que una reina explica a sus príncipes la batalla emprendida por las células buenas contra las malas en la lucha frente a la adversidad. Derivado de lo anterior, Verónica rompió en llanto la primera ocasión que lo leyó.
Ya reunida con sus hijos, cambió el nombre de los personajes Javier y Sergio por Edgar y Adrián mientras daba lectura al texto, lo cual fue una oportuna determinación, ya que halló similitudes muy notorias en ambos casos. A propósito, el libro antes referido llegó a sus manos como regalo de la fundadora de MUCCAM, Margarita Carrasco.
Para finalizar su intervención, Verónica Mariaca Estrada, señaló que a los hombres también les puede dar cáncer de mama. Aunado a lo anterior, la Dra. Ma. Guadalupe Alicia Fosado García, remarca que el hecho de ser mujer es un factor de riesgo muy importante, han tenido casos de pacientes de 22 años que ya tienen esa enfermedad, por ende, instó a que las mujeres acudan con un profesional de la salud en cuanto palpen algo diferente en el pecho, «como mujeres conocemos nuestro cuerpo; sabemos».
*** Se agradece a Mónica Elizabeth Arandia Mondragón, coordinadora del CEART y su equipo de colaboradores, por las facilidades para realizar esta publicación.
















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Gracias espectacular testimomio