Motivando la toma de conciencia colectiva, generamos una sanación conjunta: Mtra. Tania Galindo

La Mtra. Tania Galindo dio a conocer que empezó a hacer Butoh hace 22 años, cuando estaba en un laboratorio de expresión corporal con las maestras Mirta Blostein y Nora Manneck, alemana ésta última, y la primera de ellas cuenta con nacionalidad argentina; Manneck, proviene de la danza teatro y el teatro con objetos, en alguna ocasión encontró al Mtro. Diego Piñón, quien venía de Japón con una profundo bagaje del Butoh, y de inmediato les fascino dicha especialidad e iniciaron trabajos con él. Aunado a lo anterior; Galindo Ramírez, tomó talleres con japoneses y mexicanos, interactuó con los maestros Lola Lince y Jaime Razo, escribió una tesina muy extensa en estudios latinoamericanos; no obstante, en ese entonces el Butoh era poco conocido; y por ende, había un escaso número de conocedores, motivo que dificultó encontrar sinodales; incluso, algunas veces escuchó decir que se trataba de un proyecto complicado de sostener, pese a ello, tras la realización de tan extenuante y apasionante labor, descubrió durante las entrevistas efectuadas que, el Butoh abre una puerta sumamente importante para la expresión de los cuerpos, porque el tipo de técnica no se vincula de manera tan estrecha con el cuerpo occidental como es el caso de la danza contemporánea o el ballet. En este sentido; Galindo Ramírez, hizo notar que encontró en el tipo de arte que práctica, una expresión sin técnica rigurosa, y un universo en el cual nadar y encantarse, a la vez de conseguir un significativo mestizaje de su actividad artística con expertos japoneses, quienes le decían que encontrar su propia forma de butoh es dar lugar a un espíritu libre y un punto de encuentro que muta, no es sólo hacer forma, ni repetir como en otras técnicas, es un trabajo emocional y energético que viene de la concepción japonesa «energía es energía y sólo se transforma», el acto es hacer esa modificación que viene en el sentir e indagar, tanto en raciones culturales como de la tierra.

Butoh Chilango, recibe este nombre debido a que por un lado, iba a retiros y se rodeaba de cosas naturales, mientras por otro, se encontraba basura, el metro, aglomeraciones, y más elementos propios de una gran urbe como la CDMX. Por tal motivo, en sus obras plantea volver a lo inorgánico y esencial, como es nuestro cuerpo, y ahí tenemos la memoria y cultura de la humanidad. Muchas de las obras ocupan llantas, plástico, etc.,  y lo relevante es decir y expresar para sanarnos, constituye una propuesta de autoconocimiento. La Mtra. Galindo reconoce la vital relevancia de seguir buscando dentro de el Butoh esa forma de expresión porque en su opinión personal es fundamental manifestarnos a través del cuerpo. En clases hay alumnos de 7 hasta 70 años que se han presentado a bailar sobre escenarios, en cambio, después de los 45 años ya no se puede bailar ballet por falta de agilidad; entre tanto, en el Butoh no sólo los cuerpos más bellos y virtuosos tienen lugar.

«El proyecto nació en su laboratorio del Centro Cultural La Pirámide, que forma parte de los pilares de la secretaría de Cultura, ahí también invito a hacer diversos tipos de montajes porque a veces crean un incentivo, emoción y perfeccionamiento, para profundizar dentro de toda la experiencia dancística, no sólo un taller. Se escribió una obra en torno a lo que sucede en varios países, el maltrato, feminicidios, lo que tiene que ver  con una sociedad heteropatriarcal, donde la mayor parte de las víctimas son mujeres. El grupo está conformada por 9 alumnas que bailan la pieza, el personaje principal se llama «Cielo», es una marioneta de 6 metros, la trama versa sobre el asesinato de «Cielo», el recorrido hacia el inframundo, para tocar las bajas pasiones exacerbadas y mal canalizadas que se convierten en violencia, con el firme objetivo de liberarlo y hacer un acto colectivo de sanación, crear una memoria colectiva y visibilización; en general, esta puesta habla de lo que le quema, duele, etc., también muestra que tal vez uno pensaría que la violencia sólo radica en la clase popular, pero se presenta en todos los niveles, la gran mayoría de las mujeres han vivido relaciones violentas en distintos estratos, maltrato psicológico y de control».

El espectáculo  ha sido presentado en plazas públicas con bailarinas que conocen a la perfección el proceso, estuvieron en un proyecto con la secretaría de Cultura de CDMX, derivado de lo anterior, fueron llevados a barrios violentos, violentados y pobres. Tal experiencia resultó de gran trascendencia en cuanto al mensaje que inculca el respeto, autocuidado, etc. Bajo este tenor, la Mtra. Tania, hizo notar que le gustaría ver más programas de este tipo, ya que no sólo consiste en hacer víctimas a las mujeres, la verdadera finalidad debe ser concientizar a damas y hombres, y estamos en un punto adecuado para llevar a cabo acciones pertinentes; toda vez que, el problema se encuentra demasiado arraigado, y no únicamente gobierno y autoridades pueden trabajar en buscar soluciones, puesto que es un problema de conciencia social con respuestas a través de varias aristas.

«Nosotros seguimos motivando la toma de conciencia colectiva para generar una sanación conjunta, porque en la obra se invita al público a decir: hay muchos cuerpos de mujeres que se encuentran pero quedan como en el limbo, por ello, invitan a la gente a que les acompañe con marionetas de 50 centímetros, para ayudarle a encontrar un espacio de descanso a la hermana que encontraron en el río o la frontera. Aunque esto no cure, con este tipo de acciones se hace una invitación a la toma de conciencia, el arte es un detonador para movilizar otro tipo de ideas, sensaciones y crear nuevas reflexiones, llevar este mensaje de qué nos quema para hacer memoria y conciencia colectiva detona la sanación. La educación en la casa tiene mucho que ver con lo que se aprende, si veo que golpean a mi abuela o mamá se crece con violencia, y puede haber programas de gobierno pero no se ven resultados en una generación inmersa en un entorno así. Se deben fomentar círculos de hombres y mujeres para crear ideas de las nuevas masculinidades, un hombre es hombre por hacerse cargo de la familia, respeta, promueve la actividad de todos, quien lava platos no es súper héroe es un hombre responsable, es imperante empezar a buscar y crear espacios para no repetir patrones caducos. La violencia, falta de autoestima y amor propio a todos los niveles conforman problemáticas severas a resolver, y tanto la danza como el arte en general nos abre una puerta de reconocimiento para dar valoración, la gente toma fuerza y se atreve. He trabajado con gente muy fuerte, como es el caso de los desplazados de Colombia, principalmente de «El Cartucho» en Bogotá, este lugar recibe tal nombre, a razón de lo denso del entorno, dentro del cual, predomina la venta de droga; sin embargo, la gente supera la adversidad y relata historias inimaginables, utilizando la danza para reconocer la belleza interior y rencontrarse con su cuerpo».

Hoy por hoy, la contingencia sanitaria propiciada por la pandemia del coronavirus, ha derivado en la cancelación o interrupción de proyectos, las clases virtuales no se adecuan porque la danza es presencial y sentir el sudor, la expresión viva, y la transmisión de energía a través de un cuerpo es primordial. Pero continúan con tareas, proyectos de danza e investigación en casa, a través de Zoom. Había planeado un viaje a Cuba en Mayo, pero se llevará a cabo hasta octubre, y en Julio iría a Brasil para participar en un festival  bianual, mientras que la ida a Cuba se debía a que colabora en un grupo que por 35 años ha llevado trabajo comunitario hasta comunidades donde casi nadie llega, porque en la isla cubana han tenido una situación difícil con el bloqueo y los ciclones. La agrupación no sólo lleva arte, también ayuda comunitaria. Cabe señalar que Cuba ha sido punta en todas las cuestiones de medicina y arte. Al presente, sólo resta a la Mtra. Galindo, ser paciente y esperar a reunirse con «El Mejunje de Silverio» de Santa Clara.

Galindo Ramírez hizo resaltar que le  encantan muchos pasajes de su vida, trabajó 6 años con los colombianos «Teatro Intenerante del Sol», bajo la dirección de la reconocida dramaturga; Beatriz Camargo, quien reúne integrantes de diferentes partes del mundo, Ecuador, México, Australia, indígenas del amazonas, etc. «Montaban obras de diversidad cultural de las 4:00 a las 21:00 hrs., de lunes a domingo, con la creación de un tejido energético muy profesional e intenso, luego se hizo una gira y han formado de muy buena manera su ser. Son un grupo que lleva trabajando aproximadamente 30 años, y yo estuve ahí de 2009 a 2015».

Trabaja en residencias artísticas vinculados a permacultura en Tecali de Herrera, Puebla, municipio del cual son originarios sus familiares del lado materno, se ha vinculado con el Instituto Poblano de la Juventud y la Secretaría de Cultura del estado de Puebla, para proyectos de cultura comunitaria y ecología. Para Tania Galindo, retomar la cultura de Tecali y difundirla, es de gran interés dentro de la cultura comunitaria, por ello, divulgar sus saberes culinarios, conocimientos de construcción sin usar materiales tóxicos, y hacer que la comunidad aprenda de ellos, motiva aspectos considerablemente edificantes. Aunado a lo anterior, abona a concretar los propósitos trazados, acercar grupos de música, teatro y danza, para que se amplíe el horizonte de la comunidad integrando conocimientos de la comunidad con el desarrollo social y ecológico que pueda darse.

«Puebla, uno de los estados donde afectó bastante el covid, tiene una diversidad cultural impresionante, y en temas ecológicos hay una agenda pendiente que debe resarcirse desde hace muchos años. A nivel cultura, apenas me vinculo con los artistas, recién comienzo a entender el territorio. Se pueden hacer grandes cosas, Cholula era un centro ceremonial importante donde hubo una cruel matanza y se instalaron centros religiosos, junto con San Andrés acumulan 365 iglesias, los españoles llegaron a montar una iglesia por cada día del año, con la conquista trataron de hacerlo católico, y se volvió conservadora, ahí se ven las primeras haciendas azucareras, y salieron varios ‘cimarrones’; es decir, esclavos negros que fueron a Costa Chica de Oaxaca y Guerrero. La cuestión religiosa inició el predominio en la sociedad poblana y también había la valoración de las castas, ser blanco era mucho mejor que ser indio, y la relación fuerte del binomio dinero-blanco permeó por siglos toda Puebla».