Fotografía de Xinhua
Wang Jibing y su esposa, trabajan en la organización de los productos en su pequeña tienda familiar sitiada en la ciudad de Kunshan, perteneciente a la provincia de Jiangsu, al este de China, el 8 de octubre de 2026.
Nacido en 1969 en la provincia de Jiangsu, en el este de China, Wang Jibing tuvo que dejar los estudios mientras cursaba la secundaria.
A fin de ganarse la vida, se desempeñó como obrero de la construcción, dragador de arena, vendedor ambulante y recolector de chatarra. Pero en ningún momento perdió el apetito por la lectura, incluso, frecuentemente se detenía en puestos de libros de segunda mano y rebuscaba entre periódicos desechados.
Pese a que, la vida era realmente dura, su amor por la literatura jamás claudicó, dado que según dice, la literatura es un caramelo en mi vida. Nunca ha encontrado que escribir sea un reto mental. La pasión es todo lo que le mueve.
En 2019, supo que entregar comida podía pagar bien, entonces decidió intentarlo. A los 50 años, se convirtió en el mensajero más viejo de su estación. De camino a entregar comida para llevar, mientras esperaba los semáforos en rojo y que se sirviera la comida, se dedicó a componer versos. Cuando la inspiración le llegaba, hacía uso de su móvil para anotar sentimientos y momentos significativos de su experiencia en la calle.
Este año, la colección de poesía de Wang «Low Flight» fue merecedora del Premio de Literatura Lu Xun, así se convirtió en el primer repartidor de comida para llevar en obtener tal deferencia.
En un lenguaje para nada rebuscado, Wang capturó los ritmos, desafíos e instantes de calidez que marcan la vida de los repartidores: caminos resbaladizos a lo largo de las tormentas, breves intercambios entre mensajeros y clientes, además de traslados solitarios bajo farolas a altas horas de la noche.
Desde que recibió este honor, ha recibido numerosas invitaciones de trabajo. Pese a ello, siempre que tiene tiempo libre, continúa poniéndose el uniforme de reparto y se moviliza por las calles de Kunshan.
Wang concluye en que entregar comida le mantiene con los pies en la tierra. Ahí reside su poder. Para hallar emoción fresca e inspiración creativa, debe conservarse inmerso en la vida real.






