Luis Armando Ley González, presbítero del templo de San José de Gracia, destacó que el Día de la Calendaría, celebramos que Jesucristo, 40 días después de haber nacido fue presentado en el templo, dado que, todo primogénito varón debía ser consagrado al Señor en este lapso, así José y María cumplieron como buenos observantes públicos este precepto, y dio comienzo una vida oferente de Jesucristo. En primer lugar, su nacimiento fue una ofrenda para la humanidad, tanto amó Dios al mundo que le entregó a du hijo único, para que todo aquel que crea en él, no parezca y tenga vida eterna.
La vida de Jesucristo es una ofrenda a realizar la voluntad del padre, incluso, él mismo lo dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad del padre, no he venido por mi cuenta, sino por cuenta de quién me envió». También afirmó haber venido a servir y no a ser servido. Y, concluyó haciendo de su vida una ofrenda en la cruz, para que nosotros alcancemos el perdón y la reconciliación con Dios Padre.
En el templo de Jerusalén durante la presencia real de Dios, para el pueblo judío está Dios presente, encarnado por el niño presentado como ofrenda.
En este contexto, Ley González, hizo notar que por ese motivo, hoy también es celebrado el Día de la Vida Consagrada, toda vez que, religiosas y religiosos han consagrado su vida al Señor, haciendo los votos de castidad, pobreza y obediencia. Renunciando al matrimonio y a la vida de bienes materiales, sometiéndose en obediencia y dedicándose tiempo completo al apostolado.
En el Día de la Candelaria estamos celebrando que nuestro Señor Jesucristo es luz del mundo. El anciano Simeón proclama luz de las naciones, gloria de tu pueblo Israel, alaba y bendice a Dios. Nosotros somos dichosos porque quien sigue a Dios no camina en tinieblas y tiene la luz de la vida.
No estamos perdidos, ni en sombra de muerte, porque seguimos a Jesucristo, luz del mundo y vamos caminado en la verdad, dijo el padre Armando, al acentuar que Cristo aseguró que él vino para que podamos tener vida, y tenerla en abundancia.
Aunado a lo anterior, precisó que las virtudes y buenas obras resultan útiles para hacer brillar a Cristo, aunque no las traemos integradas a nuestra naturaleza, es posible adquirirlas con voluntad y esfuerzo.








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