Seguimos buscando justicia: Gisela Ortiz

Gisela Ortiz, colabora en el libro Desaparición forzada en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Balance, impacto y desafíos. Dentro de esta obra, tiene a bien puntualizar su agradecimiento al Instituto Iteramericano de Derechos Humanos por no limitarse en recoger la opinión de los expertos juristas, sino que hace factible encontrar una vía de comunicación a las voces críticas emanadas de las víctimas.

Ella es hermana de Luis Enrique, quien fue estudiante de la Universidad La Cantuta; y, fue desaparecido durante la dictadura de Alberto Fujimori. Ortiz relata en su texto, el trajinar de los familiares para alcanzar justicia, pero hace un reconocimiento a la lucha de todos y cada uno de los familiares, quienes bajo contextos adversos donde impera la indiferencia de autoridades, instituciones y ciudadanía, mantienen una ardúa lucha que les ha tomado gran parte de su vida y no saben cuando finalizará; pese a ello, no debe perderse de vista a los familiares, porque son los verdaderos responsables de que persista esta batalla por la dignidad, justicia y derechos humanos.

La justicia debe ser integral y debe brindar respuestas, individualizar responsabilidades y determinar sanciones búsqueda de desaparecidos, repare de víctimas y conceder la dignidad merecida a los asesinados, para los familiares del caso Cantuta fue un logro sumamente importante llegar a la instancia internacional de Derechos Humanos, frente a una ley de amnistía imperante en su país y la complicidad del estado peruano para ocultar responsabilidades; no obstante, remarca que lectura obtenida tras la sentencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, luego de 14 años se ha ido diluyendo.

Por tal razón; Gisela Ortiz, comparte en su relato la profunda sensación de injusticia y frustración derivada de una lucha afanosa y permanente sin resultados esperados, puesto que el estado peruano no ha cumplido la sentencia pese a los plazos establecidos, ni el sistema de justicia local ha concluido procesos fijados desde hace 28 años por el atropello cometido contra su familia,

Piensa que esa descarga emocional que plasma en el texto hace resaltar el cuestionamiento sobre qué hacemos mal o qué falta por hacer para sensibilizar funcionarios, instituciones y ciudadanos acerca de una violación a los derechos humanos tan terrible que se espera sea irrepetible, también se cuestiona qué se puede hacer desde el sistema Interamiericano para que los estados no se mofen de los derechos que tienen como familiares y los plazos realmente se respeten; toda vez que, a pesar del ejercicio de los derechos no somos respetados como ciudadanos en igualdad, se siguen atropellando los derechos.

Aunado a lo anterior, la ofendida plantea desafiar conjuntamente como ciudadanos e instituciones de hacer justicia, y que verdaderamente nos mostremos decididos en modificar lo requerido para que los familiares sean valorados y escuchados en sus países, se tiene que eliminar el estigma cargado de sentir que los familiares fueron los delincuentes y por ello se justifica que acaben hayan acabado con sus vidas. En este sentido, remarcó su insistencia en honrar el nombre de sus familiares y garantizar el derecho a la dignidad; no obstante, reconoció el compromiso de familiares e instituciones para alcanzar justicia. De igual modo, espera fervientemente que la obra literaria en la cual es partícipe, ayude a comprender las tareas pendientes y el drama familiar para que se genere un compromiso de todos y cada uno de nosotros, con el firme objetivo de seguir impulsando la causa.