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Con el filme, integrantes del grupo Guerreros Águila de Zoquiapan fomentan un relevo generacional
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Se destaca la inclusión de mujeres y niñas en dicha tradición, que rompe con barreras históricas en la Sierra Nororiental de Puebla
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La obra, beneficiaria del programa de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, profundiza en el proceso sagrado, desde el corte del árbol hasta el descenso ritual
Con más de 50 años de tradición, el grupo Guerreros Águila de Zoquiapan, Puebla, marca un hito en su historia con el documental Elevando Culturas, un proyecto que profundiza en la ceremonia ritual del vuelo y en el trasfondo espiritual, la inclusión generacional y el esfuerzo colectivo de una comunidad que reafirma sus raíces.
Jaime Reyes López, quien funge en el proyecto como director, editor y productor, enfatiza que, aunque existen voladores en diversas regiones de México y Guatemala, cada zona tiene un sello característico. “En Zoquiapan, tras un periodo donde la danza estuvo a punto de perderse, se adoptaron sones y vestimentas que hoy defendemos con orgullo”, afirma en entrevista.
Para los Guerreros Águila, el proceso comienza mucho antes de despegar los pies de la tierra. Explica Reyes López, líder del grupo, que la danza es un acto de gratitud hacia los cuatro puntos cardinales, al sol, al agua, a la tierra y al aire.
«Nos lanzamos al vacío, pero amarrados por nuestra fe. Es una experiencia donde el miedo no existe; nos enfocamos en el caporal, quien baila en la cima sin protección alguna, y tras unas vueltas, empezamos a disfrutar del aire y el sol», relata el maestro.
Inclusión y relevo generacional
El documental Elevando Culturas contó con el respaldo del Programa de Apoyo a las Culturas a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.
Dividido en tres partes (El llamado del viento, Hilos de la memoria y El corazón que vuela), el filme documenta la evolución inclusiva de la danza pues narra cómo el grupo rompió barreras de género y edad, pues en sus filas hay niñas desde los 8 años y jóvenes de 16, quienes participan junto a los hombres. En total son 12 integrantes activos y 18 colaboradores.
“En Zoquiapan, la danza no se hereda por la sangre, sino por el fuego que prende en el corazón de quien escucha el llamado. Hoy nuevos portadores despiertan y aunque sus pasos son jóvenes, sus sueños ya vuelan alto, entre juegos, estudios y risas, llevan en secreto una promesa, la de no dejar que el viento se quede sin su canto”, destaca Jaime Reyes.
La práctica de los voladores puede tener diferentes significados, depende de la comunidad, pero a menudo se asocia con la conexión con los dioses, la naturaleza y la espiritualidad, destaca el entrevistado. También es un






