El Papa asistió este lunes, en persona, a la presentación de su primera encíclica, Magnifica Humanitas, en un gesto poco habitual. Al llegar al acto que tuvo lugar en el aula del Sínodo fue recibido con un gran aplauso ante un auditorio compuesto por representantes del mundo académico y diplomático.

Entre los ponentes figuraba el canadiense Christopher Olah, cofundador de Anthropic, una de las principales compañías de inteligencia artificial (IA), aunque con algunas diferencias remarcables. La empresa ha protagonizado tensiones con la administración de Donald Trump tras prohibir al Departamento de Defensa el uso de su software con fines bélicos.

Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News
Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News

Algunas voces habían expresado dudas sobre la conveniencia de incluir a un representante de un gigante tecnológico como Anthropic en un evento de estas características. Sin embargo, el propio Pontífice despejó cualquier recelo al agradecerle su asistencia: “Qué gran signo de esperanza es que, con nuestras diferencias, podamos escucharnos unos a otros”, aseveró en su discurso.

“Este intercambio manifiesta claramente la gravedad del momento, así como la confianza de que juntos podemos discernir las grandes cuestiones de nuestro tiempo y, por tanto, el futuro de la humanidad”, añadió.

En su intervención, previa a la del Santo Padre, Olah incidió en la misma idea: “Es mediante el diálogo y el esfuerzo mutuo, mediante ese tira y afloja, como la humanidad logrará grandes cosas. Eso es lo que veo en Magnifica humanitas, y por eso agradezco a Su Santidad y a la Iglesia por asumir esta labor de discernimiento”.

Olah, que no es creyente, lanzó además un llamamiento a distintos sectores —comunidades religiosas, sociedad civil, académicos y gobiernos— para que sigan el ejemplo del Papa con este documento: «Si queremos que esta tecnología funcione bien, es importante que haya (…) personas a quienes les importe que las cosas salgan bien y que insistan en la seguridad, que presten mucha atención, que estén dispuestas a decir cosas difíciles y a ser críticos sinceros y reflexivos».

Rerum Novarum, antecedente directo

No es casualidad que León XIV haya firmado su primera encíclica el 15 de mayo, la misma fecha en que, en 1891, su predecesor León XIII promulgó Rerum Novarum (De las cosas nuevas) ante la deshumanización provocada por la revolución industrial. Como explicó el Pontífice, el mundo se enfrenta hoy a un cambio de época de alcance incluso mayor.

“Hoy nos encontramos ante una transformación de magnitud semejante, quizá con consecuencias aún mayores. La inteligencia artificial ya influye en muchos ámbitos de nuestra vida y afecta decisiones que modelan la convivencia humana”, aseveró.

El Papa se mostró especialmente preocupado por el impacto de las nuevas tecnologías en la forma de hacer la guerra, que —advirtió— está cambiando de manera dramática.

“Como León en su tiempo, siento que se me confía contemplar otra gran transformación con ojos de fe, con lucidez de la razón, con apertura al misterio y con el clamor de los pobres y de la tierra resonando en mi corazón”, explicó.

El Pontífice también detalló el método de trabajo seguido para la redacción de este documento magisterial, iniciado en julio de 2025 en la residencia de Castel Gandolfo, en el que reivindica lo que nos hace humanos en una sociedad marcada por la tecnología.

Así, subrayó que Magnifica Humanitas nació de la escucha: “He escuchado a científicos e ingenieros que trabajan con entusiasmo sincero en tecnologías capaces de aliviar enormes sufrimientos; a dirigentes políticos y responsables públicos que han buscado con perseverancia normas justas; a padres y educadores profundamente preocupados por el futuro de las nuevas generaciones”, señaló, sin mencionar nombres.

Al mismo tiempo, reconoció que también le han llegado “otras voces muy inquietantes sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, prácticamente fuera del alcance humano para gobernarlos eficazmente”.

“Escucho relatos muy preocupantes de algoritmos que pueden bloquear el acceso a la sanidad, al empleo y a la seguridad basándose en datos contaminados por prejuicios e injusticias. Y he escuchado el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman decisiones, decisiones que probablemente generarán nuevas formas de exclusión y sufrimiento”, lamentó.

El tono del discurso, en ocasiones cercano a lo apocalíptico, fue incluso más contundente que el de la propia encíclica. En línea con lo que afirma en el documento —donde sostiene que la inteligencia artificial “no es moralmente neutra”—, el Papa reclamó que la IA sea desarmada.

“La palabra es fuerte, lo sé, pero ha sido elegida deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de atraer la atención, despertar conciencias e indicar caminos para el futuro de la humanidad”, alertó.

“Desde hace tiempo, la Iglesia trabaja por el desarme nuclear, consciente de que todo gran poder técnico puede afectar la vida de las personas y, por tanto, debe ir acompañado de un adecuado discernimiento moral y control público. El desarme nuclear sigue siendo un servicio a la paz y a la dignidad de la familia humana”, agregó.

En la presentación intervinieron tres cardenales de la Curia: el secretario de Estado, Pietro Parolin; el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe; y el prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el cardenal Michael Czerny.

También tomaron la palabra dos teólogas: Anna Rowlands, especialista en doctrina social de la Iglesia y ética de las migraciones en la Universidad de Durham, y Leocadie Lushombo, experta en teología política y pensamiento social católico en la Jesuit School of Theology de la Santa Clara University, en