El libro es un mundo en sí mismo: Claudia Cabrera

Claudia Cabrera se desempeña profesionalmente como traductora literaria y especializada, inició en esta actividad aproximadamente hace 20 años. Actualmente desconoce en gran parte cómo es la escena en Querétaro, además de la editorial Gris Tormenta no conoce a otras, pero en otros estados, incluso en la CDMX, donde se efectúa el mayor número de traducciones, el experto en la materia no es precisamente el actor más visible; sin embargo, considera que reconocimientos como el Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena obtenido el año en curso, constituyen un gran estímulo y conceden un grado importante de perceptibilidad. 

Su especialidad se acerca de forma más estrecha a la literatura que a otros tipos de traducción, ya que éstas se enfocan en técnicas, ciencia, etc., pero su quehacer es una disciplina literaria. Hoy por hoy, la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (Ametli), lucha para que el traductor literario tenga acceso a recursos similares al escritor del texto original, porque es tan escritor como el escritor mismo, permítase ser redundante, derivado de lo anterior es que debe equipararse con otras disciplinas literarias, no en vano el Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) conceptualiza dicha actividad como una materia de las Letras. 

El libro por el que se adjudicó el galardón es “El hacha de Wandsbek” del autor Arnold Zweig, publicado por la editorial Herder, dirigida por Jan-Cornelius Schulz. Trasladar lo escrito por Zweig fue bastante complejo, toda vez que originó un arduo proceso de investigación, puesto que se ubica en el contexto histórico del Tercer Reich entre 1937 y 1938, específicamente en Hamburgo. Tal situación provoca conocer un léxico muy particular, terminología de los nazis, y llevar a cabo una profunda indagación. Cabe mencionar que se complicó la labor ya que los protagonistas pertenecían a distintas clases económicas, y cada una de ellas daba lugar una forma de hablar propia, incluía muchas citas textuales y maneja filosofía, historia y psicoanálisis, por tal motivo, Claudia Cabrera se vio obligada a realizar diversas lecturas aledañas, solicitar asesorías a colegas para resolver dudas, etc.   

Puntualizó que cada libro conlleva su propio proceso de aprendizaje, porque es un mundo en sí mismo, y a nivel profesional demanda mucha averiguación, tanto las novelas de Anna Seghers, en las que trabaja actualmente –que retoman lo ocurrido durante el exilio del Tercer Reich, cuando una gran cantidad de escritores, filósofos y políticos salieron huyendo de regímenes fascistas, como el libro de Arnold Zweig, ambos se ubican entre las décadas de 1930 y 1940. Emanado de lo anterior; Claudia Cabrera, acentuó que son temas sumamente interesantes para ella; y, por ende, gusta de profundizar mucho en ellos, porque no se extinguen las fuentes del conocimiento. Traducir, aunque suene reiterativo, encanta y emociona a Claudia Cabrera, al ser una forma de expresión que requiere del esfuerzo conjunto llevado a la práctica por varias personas, puesto que un sólo individuo sería incapaz de cumplir el propósito. Además, señaló que junto con el editor del sello Herder, Jan-Cornelius Shultz, se plantearon varias opciones, pero se inclinaron por trabajar la obra de Arnold Zweig, ya que es un autor por demás relevante, pero desconocido e infravalorado, también fue necesario solicitar el apoyo del Goethe-Institu, y  realizó 3 o 4 residencias en el extranjero, precisamente en Suiza y Alemania; aunado a lo anterior, tuvo actividades relacionadas en el Centro Internacional de Traducción Literaria en Banff (BILTC) de Alberta, Canadá y otra llevada a cabo en Buenos Aires en Argentina.  

La experta hizo notar que mucha gente piensa que resulta suficiente con saber un idioma y que es totalmente innecesario poseer un talento especial o prepararse para dedicarse a la traducción literaria, pese a que el proceso formativo puede irse desarrollando sobre la marcha, asistiendo a talleres, leyendo, recurriendo a colegas mentores, y por encima de todo siendo muy dedicados; de ninguna manera es indispensable contar con un título que acredite, pero sí es imprescindible contar con un sentido muy fuerte del lenguaje. De entrada, se debe sentir un gran gusto por la lectura y escritura, obviamente, leer es la mejor forma de aprender a escribir, así es como descubren los creadores qué disfrutarían traducir, se da principio al propio corpus de autores, géneros, etc. No únicamente tienen que manejar correctamente el idioma extranjero a traducir, también es imperativo el solvente uso del español, en cuanto a sus recursos estilísticos y lingüísticos. 

“El hacha de Wandsbek” es un punto de inflexión en su trayectoria profesional, porque gracias a la distinción obtenida se hizo más visible, y para no perder esta inercia, sería muy útil contar con foros donde pueda hablar sobre la traducción literaria. 

Al ser vicepresidenta de AMETLI, una de sus principales tareas radica en luchar por hacer más visibles a sus compañeros de profesión, velar porque se reconozcan tanto sus derechos patrimoniales (regalías, pagos, etc.), como los morales (créditos, menciones, autorías, etc.). En este sentido, acentuó la vital relevancia que se debe atribuir al traductor, por ello, tiene que ser indispensable su presencia en las presentaciones de los libros traducidos. 

Hablando en particular de su caso, aseguró que antes de haberse hecho merecedora al Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena, ya poseía una larga trayectoria y había trabajado para diversas editoriales, razones por las cuales las condiciones en las que colabora con las distintas editoriales son favorables; en cambio, cuando se principia, es complicado solicitar contratos adecuados, aparecer en portadas, etc., por eso la asociación busca establecer condiciones laborales y definir principios que garanticen el reconocimiento inherente a todo profesional del sector de gozar sus derechos.