En ambiente, el Centro Cultural Universitario (CCU) no le pidió nada al estadio Guadalajara: gritos, botargas, ambiente familiar, fiesta y un único gol que definió el partido de México contra Corea del Sur vivido en el FutFest 2026.
Pocos minutos antes de las 18:00 horas, el CCU informó que el aforo se había completado. Al interior, la afición ya tenía su propia celebración, que remontó en gritos con la primera imagen del estadio con las gradas y el campo verde.
Sonó una rechifla unánime cuando ondearon las banderas de la afición adversaria y la alineación de atletas con camiseta color lila. Sin embargo, el ánimo se transformó con el himno nacional mexicano entonado por los miles de asistentes y los jugadores del cuadro nacional, uniformado de negro y capitaneado por el mediocampista Edson Álvarez.
Miguel Olmos, aficionado de la selección nacional, acudió con su hijo y un amigo al CCU con la playera verde estampada con la piedra del sol azteca. “Vinimos a pasarla muy bien, y así nos la hemos pasado desde hace algunas horas que llegamos; el ambiente es muy agradable y la gente también”, dijo el aficionado que pronosticó el triunfo con un amplio margen.
Delia Pérez, universitaria, llegó con sus papás y hermanos con sillas plegables para disfrutar del juego desde un ángulo privilegiado de lo que, sospechaba, sería una victoria. “Todos estamos emocionados con este juego, y esperamos ganar. No sé por cuánto, pero lo haremos. ¡Viva México!”, gritó.
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El primer tiempo arrancó tras el silbatazo y la euforia de la afición del CCU era tan intensa como en la gradería del estadio. Los asistentes vitorearon las primeras llegadas de México a la portería coreana, y abuchearon los intentos de los asiáticos por romper a la defensiva mexicana. Sin embargo, y ante los intentos infructuosos y llegadas que terminaban con bloqueos coreanos, la afición se ancló en sus sillas y en el pedazo de piso del CCU con el scroll del celular, porque el juego se estancó en la media cancha.
El medio tiempo terminó sin la tranquilidad mexicana de algún gol que diera ventaja. Pero los asistentes superaron el mal trago con expectativas de goles que, suponían, caerían apenas iniciado el segundo tiempo; y tal vez con malos presagios para los mexicanos y a favor de Corea del Sur, como los de Miguel González.
“Los coreanos ya cansaron a los mexicanos y van a contraatacar durísimo. Son rápidos y resuelven muy bien”, se resignó el amateur estratega aferrado al escudo mexicano de su playera.
Los aficionados aprovecharon el descanso para ir al baño, otros rellenaban sus vasos con bebidas refrescantes y una masa de personas bailó “Payaso de rodeo”, un éxito de bodas y fiestas, a prueba de todas las modas musicales, de la agrupación Caballo dorado.
Cuando sonó el silbatazo del segundo tiempo en el CCU ya había caído la noche y surgió una ovación de esperanza y de fe para el triunfo mexicano. Y pronto, al minuto 50, el portero coreano intentó recuperar una pelota elevada tras un ataque mexicano, pero al caer soltó el balón en el área chica: Luis Romo, con el 7 estampado en la espalda, aprovechó el error y anidó el balón en el fondo de las redes coreanas: el CCU resonó con las gargantas secas de gol, que recompensó varias horas de espera. Parecía posible el triunfo.
Tras la primera anotación, la selección mexicana ganó confianza mientras la gente coreaba varios “oles”, quería más. Un grupo de niños también aprovechó el marcador positivo para jugar una cascarita en uno de los jardines del CCU, mientras que sus familias regalaban toda la atención como tratando de evitar el empate y consolidar el triunfo.
En adelante la selección coreana presionó al equipo mexicano con varias llegadas. Una de éstas ocurrió en el minuto 87: el portero Raúl “el Tala” Rangel detuvo un ataque, pero la pelota siguió su camino hacia la meta. Parecía el empate pronosticado en las quinielas. Justo en la línea, con apenas las puntas de los dedos de la mano derecha, “el Tala” tomó el balón y lo abrigó en el pecho. La locura se desató en el CCU.
La salvada milagrosa le valió al arquero la porra de “¡Portero!, ¡portero!” de la afición en el recinto universitario. Los últimos minutos fueron eternos: gente de pie, ansiosa, que esperaba el silbatazo final del árbitro uruguayo. Pero había un equipo asiático que nunca se rindió: llegadas, tiros de esquina, cabezazos desesperados… hasta que terminó el juego.
Miles de brazos se alzaron al cielo y los gritos volvieron a sacudir la explanada del recinto: se repartieron abrazos y besos. Hubo quienes celebraron como si se tratara de la final del campeonato. Otros comenzaron a saltar en una versión amistosa del slam. Y sonó el “Cielito lindo”, que coronó el triunfo.
Carlos, el creador del Chile vengador, un enmascarado enfundado con la botarga de chile serrano, animó durante todo el juego a la afición. Al final, gritó de felicidad por un triunfo que consideró que no fue de once en la cancha, sino de todo el país.
“Una prueba más de la calidad del chile mexicano. Ya ganamos seis puntos, pero a qué precio, el equipo coreano es rápido, talentoso. Pero mira a mi gente, feliz, todos ganamos esta noche”, concluyó y se fundió en la masa de personas que celebraban.
Texto: Adrián Montiel González
Fotografía: Iván Lara González







