Santa Rosa de Viterbo, templo católico ubicado en el Centro Histórico de Querétaro y referente del período colonial barroco, fue la sede de una interpretación del Stabat Mater de Giovani Battista Pergolesi. Cabe señalar que compositores como Dvořák, Verdi, Karl Jenkins, Kiko Arguello, Liszt, Marco Frisina, Palestrina, Rossini, Verdi o Vivaldi, también han musicalizado esta secuencia, la cual, es una de las 4 que han permanecido en la liturgia actual. Su nombre tiene origen en las primeras dos palabras de Stabat Mater Dolorosa (estaba la Madre dolorosa); cuyo texto es atribuido al franciscano Jacopone da Todi, sin embargo, hay quienes lo asignan al papa Gragorio I, incluso al papa Inocencio III.
El compositor sacro y organista del templo citado al inicio; Juan Leonardo Durán Rangel, tuvo a su cargo la dirección, en tanto que, la soprano Aletzia Barloa y el contratenor Jassiel Martínez, intérpretes del Conservatorio de Música, realizaron la ejecución vocal.
En este contexto, se trae a la memoria el viernes 14 de abril de 2017, cuando el Papa Francisco encargó la preparación de las meditaciones del Vía Crucis del Viernes Santo a la biblista francesa Anne-Marie Pelletier; y, en la Undécima estación: Jesús y su madre. Francisco, durante la meditación, precisa cómo también María ha llegado al final del camino. Ha llegado aquel día mencionado por el anciano Simeón, en el momento que tomó al niño en sus brazos; y, su acción de gracias siguió con palabras que vinculaban al mismo tiempo esperanza y drama, dolor y salvación. «Este -había dicho- ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción -y a ti misma una espada te traspasará el alma-, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones» (Lc 2,34-35).
La visita del ángel, ya había repercutido en su corazón un anuncio increíble: Dios había elegido su vida para dar lugar al hecho prometido a Israel, el cual «ni el ojo vio, ni el oído oyó» (1 Co 2,9; cf. Is 64,3). Ella aceptó el proyecto divino que inició modificaciones en su cuerpo y posteriormente, condujo por caminos impredecibles al hijo nacido de sus entrañas. En los días ocultos de Nazaret; y después, también en el tiempo de la vida pública, al momento de presentarse la exigencia de hacerle sitio a la familia de los discípulos, quienes Jesús decía que eran sus hermanos, hermanas y madres, ella mantuvo todas estas cosas en su corazón, confiándolas a la gran paciencia de su fe.
Hoy, es el tiempo del cumplimiento. La lanza que atraviesa el costado del Hijo, también traspasa su corazón. De esta forma, María se sumerge en la confianza sin apoyo, en la que Jesús vive su total obediencia al Padre. De pie se queda en la obscuridad y no huye; Stabat Mater, plenamente convencida de que Dios cumple sus promesas. En la oscuridad, pero convencida, sabe que Jesucristo es la promesa y su cumplimiento.

















