Misa del Domingo de Ramos en la Parroquia de Santa Ana

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José Armando Vargas Gutiérrez, párroco de Santa Ana, antes de ingresar a la Parroquia mencionada con anticipación, para la celebración de la Sagrada Eucaristía, destacó frente a la feligresía que, después de la preparación al comienzo de la Cuaresma, tanto con la penitencia como con obras de caridad, este domingo nos reunimos unidos a toda la Iglesia en el mundo, debido a la celebración anual de los misterios de la Pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, los cuales empezaron con el ingreso de Jesús en Jerusalén. Derivado de lo anterior, el padre Armando instó a acompañar a nuestro Señor en su entrada triunfal, para que participando de su Cruz, podamos algún día ser participes de su resurrección y vida.

Al interior del templo, el padre acentuó la importancia de estos días, por el recuerdo del paso de Jesús, su transitar de la muerte a la vida, además de la renovación de nuestro bautismo, como ungidos y bautizados.

Tenemos al buen pastor convertido en cordero inmolado; y, entregado por nosotros, se trata del sembrador que se convierte en grano de trigo y muere para dar fruto. A través de la Cruz de Cristo recibimos la fuente de donde brota la vida.

En el Evangelio de la lectura de la Pasión, decía: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», son palabras dichas por Jesús en la cruz dentro del el Salmo, quien siente el abandono, pero como verdadero Dios confía en el amor de su padre celestial.

Al final de ese Salmo, hallamos palabras consoladoras por qué es manifestada la obra de Dios. ¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda, oh fuerza mía, libra mi alma de la espada, mi única de las garras del perro; sálvame de las fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos de los búfalos! ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!: «Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel». Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó. De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen. Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre su corazón!» Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes. Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones. Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva, le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.

Aunque sea comprensible que no guste ver el sufrimiento de Cristo, resulta necesario contemplarlo para darnos cuenta del gran amor que nos tuvo, también es importante hablar de lo que da sentido y luz a nuestra vida, incluso, en nuestro sufrimiento hay un plan de Dios. Ya que él puede convertirlo en bendiciones que nos llenen de alegría.

Para finalizar su intervención, Vargas Gutiérrez, deseó a los asistentes una Semana Santa donde celebramos el plan de Dios que es la salvación.

 

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