Hace 4 millones de años, la región de Santa María Amajac, ubicada en el municipio de Atotonilco el Grande, en el estado de Hidalgo, México, fue ocupada por un antiguo sistema lacustre de aproximadamente 85 km². Este sistema se habría formado por la interrupción temporal del río Amajac. En esta zona habitaron plantas, insectos, diatomeas, algas y peces de agua dulce, además de diversos vertebrados e invertebrados. Sin embargo, también existió un anfibio que hasta ahora había permanecido oculto.

Perteneciente al orden Caudata y a la familia Ambystomatidae, el grupo biológico que incluye a las salamandras conocidas comúnmente como ajolotes, Ambystoma quetzalcoatli fue uno de los habitantes de este ecosistema.
Recientemente descrito por investigadores de la Colección de Paleontología de la FES Zaragoza, el Dr. Jorge A. Herrera-Flores y la Dra. María Patricia Velasco-de León, este ajolote representa la primera especie de salamandra fósil descrita en México, así como el registro más antiguo conocido para el país.
Los hallazgos de este trabajo se formalizan en el estudio titulado “Ambystoma quetzalcoatli sp. nov., a new species of fossil axolotl (Caudata: Ambystomatidae) from the Pliocene of Santa María Amajac, Hidalgo, Mexico”, publicado en la revista Palaeontologia Electronica.
Un hallazgo que permanecía oculto
Desde hace más de 40 años, la Colección de Paleontología de la FES Zaragoza ha desarrollado estudios paleontológicos y paleobotánicos en distintas regiones de México, inicialmente enfocados en la recolección de plantas fósiles. Con el tiempo, durante los trabajos de campo, comenzaron a encontrarse también restos fósiles de pequeños vertebrados, incluidos peces, ranas y salamandras, lo que amplió significativamente el alcance de la investigación.

Los fósiles de salamandra fueron asignados inicialmente al género Ambystoma. En una etapa temprana del análisis, una estudiante de licenciatura, Argelia Solózano, realizó una identificación preliminar que apuntaba a esta clasificación. Sin embargo, el material permaneció sin un estudio exhaustivo durante varios años, hasta que fue retomado por un equipo liderado por el Dr. Jorge A. Herrera-Flores y la Dra. María Patricia Velasco-de León, quienes llevaron a cabo un análisis detallado.
Mediante técnicas avanzadas, como tomografía computarizada (TC), y comparaciones con esqueletos de especies actuales del género Ambystoma, los investigadores identificaron que los ejemplares son similares al ajolote moderno. No obstante, presentaban diferencias anatómicas significativas que requerían un análisis más profundo.
Honrando a la deidad mesoamericana
El Dr. Herrera-Flores compartió que durante el análisis se identificaron características morfológicas únicas que justifican la descripción de una nueva especie. Entre ellas destacan diferencias en la morfología del cráneo, especialmente en las aberturas y espacios entre los huesos, cuya forma y disposición no coinciden con las de las especies actuales de ajolotes.
En particular, se identificó una abertura alargada en la parte superior del cráneo, así como una morfología distinta en el paladar. Asimismo, se observó una variación en el número de vértebras troncales, con un total de 17, frente a las 16 o menos observadas en la mayoría de las especies del género.
Estas características anatómicas fueron determinantes para establecer que se trataba de una especie distinta dentro del linaje de los ajolotes, lo que llevó a su descripción formal como Ambystoma quetzalcoatli, nombre que hace referencia a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada de la tradición mesoamericana.
Una especie sumamente especial
Además de ser la primera especie fósil de salamandra descrita en México y el registro más antiguo conocido para el país, Ambystoma quetzalcoatli tiene otra peculiaridad: se trata del primer ejemplar completo y articulado de ajolote, algo muy inusual debido a que los huesos de estas salamandras son notablemente delgados y frágiles. Si bien se han encontrado fósiles de salamandras ambystomátidas en Canadá, Estados Unidos y México, este caso es excepcional dentro del registro paleontológico.
Sobre este punto, el especialista de la FES Zaragoza explicó que, en este tipo de ambientes acuáticos, los organismos, al morir, se depositan en el fondo y quedan rápidamente cubiertos por sedimentos finos, lo que reduce la descomposición y favorece la fosilización. Con el paso del tiempo, estos sedimentos se compactan, lo que permite la preservación excepcional de esqueletos completos y articulados.
Este nivel de preservación es extremadamente raro en salamandras debido a la fragilidad de sus huesos. En la mayoría de los casos, los restos fósiles aparecen fragmentados; sin embargo, en este caso, los organismos fueron rápidamente cubiertos por sedimentos finos en el fondo del antiguo lago, lo que redujo la descomposición y favoreció la fosilización.
Neotenia: un ajolote que nunca dejó de ser “joven”
Al igual que otros ajolotes actuales, como el de Xochimilco, el de Pátzcuaro y el de Alchichica, Ambystoma quetzalcoatli presentaba neotenia, un fenómeno biológico en el cual se conservan rasgos juveniles incluso en la edad adulta. Esto sugiere una estrategia evolutiva estable asociada a ambientes lacustres.
Este tipo de adaptación es común en ecosistemas acuáticos aislados, donde las condiciones ambientales favorecen la permanencia de características larvarias durante toda la vida del organismo.
Evolución y contexto regional
El descubrimiento aportará información relevante sobre la evolución temprana de las salamandras ambystomátidas dentro del Cinturón Volcánico Transmexicano.
Asimismo, se sugiere que Ambystoma quetzalcoatli podría tener vínculos evolutivos con el grupo de las salamandras tigre, una de las principales ramas dentro del género Ambystoma, lo cual podría corroborarse con estudios posteriores.
Un tesoro prehistórico mexicano
El hallazgo de Ambystoma quetzalcoatli demuestra que el linaje de los ajolotes tiene una historia evolutiva mucho más antigua de lo que se pensaba, con presencia en México desde el Plioceno y una diversificación temprana ligada a antiguos sistemas lacustres.
Más allá de la identificación de una nueva especie, este descubrimiento refuerza la idea de que la biodiversidad actual de México tiene raíces profundas en ecosistemas desaparecidos hace millones de años.
Créditos de fotos: Jorge Herrera Flores







