Durante años, el cine producido en el sureste de México fue leído como periferia: ejercicios aislados, esfuerzos individuales, talento disperso sin continuidad. Campeche, en particular, parecía condenado a existir fuera del radar cinematográfico nacional. Eso cambió.
No por una película. No por un festival. Sino por un proceso sostenido en el tiempo.
Desde hace cuatro años, Sureste Lab, programa de formación cinematográfica impulsado por REDECINE A.C., ha trabajado de manera constante en la región, construyendo algo que no existía: una comunidad cinematográfica activa, profesional y con resultados comprobables. El impacto no se explica desde el discurso, sino desde los hechos.
Diecisiete cortometrajes producidos. Diecisiete autoras y autores formados en condiciones reales de profesionalización. Un ecosistema que hoy empieza a sostenerse por sí mismo.
El nombre Estelas en Movimiento no es una metáfora gratuita. Remite, por un lado, a las estelas que deja el mar al ser atravesado: huellas temporales, visibles solo para quien sabe mirar, resultado del desplazamiento continuo. Por otro, dialoga con las antiguas estelas mayas, concebidas para marcar el tiempo, el territorio y la memoria colectiva. En ambos casos, la estela no anuncia el inicio de algo, sino que da cuenta de un recorrido.
Eso es lo que hoy ocurre con el cine en Campeche.
Lo que distingue a este movimiento no es únicamente la cantidad de obra generada, sino la forma en la que fue concebida. Aquí no hubo simulación académica ni ejercicios escolares: cada proyecto fue acompañado desde la escritura hasta su exhibición pública, entendiendo el cine como una práctica integral que exige rigor creativo, responsabilidad técnica y una visión clara de circulación.
El efecto fue inmediato.
A partir de la primera generación de Sureste Lab, no solo surgieron películas, sino gestores, programadores y agentes culturales. De ese impulso nació Campeche Filma!, una muestra local de cine creada por un egresado del propio laboratorio, que hoy funciona como plataforma de exhibición para obra campechana reciente. No como extensión institucional, sino como iniciativa autónoma que amplía el circuito y fortalece la escena local.
La respuesta del público confirmó lo que antes se asumió improbable: existe una audiencia para el cine hecho en Campeche.
La segunda muestra de cine y premier organizada por la comunidad de Sureste Lab reunió a más de 250 personas en sala, con funciones a capacidad máxima, viendo cine local. Sin
celebridades importadas. Sin fórmulas ajenas. Solo películas, autores presentes y una audiencia reconociéndose en pantalla.
Paralelamente, varios de los cortometrajes surgidos del laboratorio iniciaron su recorrido por festivales nacionales e internacionales de prestigio, insertando el nombre de Campeche en circuitos donde antes no figuraba. No como nota al margen, sino como una cinematografía emergente con identidad propia.
Este proceso ha sido posible gracias a una red de voluntades y alianzas locales. Al impulso institucional de la Universidad Autónoma de Campeche, y al respaldo de empresas campechanas que, desde el sector privado, han apostado por el cine local aportando su granito de arena. Lejos del patrocinio espectacular, se trata de apoyos estratégicos que entienden el valor cultural de construir desde casa.
Detrás de este movimiento se encuentra también el trabajo articulado de REDECINE A.C., con la participación de David Azar, Manuel Sáfar, Mireya Cortés y Andrés López Barrera, quienes coincidieron en una premisa clara: el cine en el sureste no necesita ser descubierto, necesita ser sostenido.
Hoy, Campeche no busca parecerse a ningún otro polo cinematográfico del país. Está definiendo el suyo.
Lo que ocurre aquí no es una promesa futura. Es un presente que ya dejó huella.
Y como toda estela —marina o de piedra— no existe para llamar la atención, sino para dejar constancia de que algo avanzó.





