La construcción del pensamiento es un proceso que inicia desde el nacimiento y depende tanto de aspectos biológicos como ambientales. Una formación escolar limitada, actividades rutinarias sin complejidad, crean las bases para una “construcción inconclusa” que deriva en una mayor vulnerabilidad a las demencias, la enfermedad de Alzheimer y la destrucción del pensamiento.
La doctora Esmeralda Matute Villaseñor, Directora del Laboratorio de Neuropsicología y Neurolingüística del Instituto de Neurociencias y del Departamento de Estudios en Educación de la UdeG, dictó la conferencia magistral “Construcción y deconstrucción del pensamiento”, en el Paraninfo Enrique Díaz de León y en el marco de la Cátedra Latinoamericana “Julio Cortázar”, organizada por el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).
La investigadora explicó que la pérdida de las capacidades cognitivas puede ser abrupta debido a traumatismos o eventos vasculares, pero también puede manifestarse como un deterioro paulatino asociado con procesos demenciales.
“Éstos resultan en la disrupción que mantuvo regulados los mecanismos cerebrales durante años, y son diversos los mecanismos que se alteran. Los más comunes son los vasos sanguíneos, y el tejido cerebral sin sangre genera una demencia cerebral”, detalló.
“Los adultos mayores pierden facultades al grado de considerar la demencia senil, que, de hecho, ni siquiera existe como un proceso normal vinculado con la edad; puesto que las funciones cerebrales cambian con el transcurso de la vida. Por desgracia, se busca medirlas con la misma vara”, enfatizó.
Matute Villaseñor detalló los mecanismos cerebrales que se ven afectados en estos procesos y que, en algunos casos, derivan en la enfermedad de Alzheimer, que representa entre 60 y 70 por ciento de los casos de demencia a nivel mundial. En México, se calcula que 1.3 millones de personas viven con esta condición, lo que equivale a una de cada nueve personas mayores de 64 años.
Explicó que la acumulación patológica de proteínas como la beta-amiloide o la proteína Tau, así como el daño vascular que impide la correcta irrigación sanguínea, son algunos factores que alteran la regulación cerebral.
“Desde hace más de diez años, el equipo que lidero estudia la expresión fenotípica de dos variantes de personas con enfermedad de Alzheimer en el mundo. Esta enfermedad representa entre 60 y 70 por ciento de los casos de demencia”, dijo.
“Los síntomas varían según la edad de inicio esperada de dicha variante, y hace que la sintomatología se presente más temprano, como pasó en un caso detectado en Jalisco con el doctor John Rigman, con quien trabajamos en la Universidad del Sur de California”, detalló.
La especialista subrayó que más allá de los factores genéticos, como la presencia de la apolipoproteína E-4, los factores ambientales también desempeñan un papel determinante en la expresión de la enfermedad.
“La baja escolaridad, la pobre calidad educativa, enfermedades metabólicas, el consumo de alcohol y tabaco, la contaminación, e incluso la pérdida de audición o visión no tratadas, son elementos que incrementan el riesgo”, subrayó.
Fue en este punto donde la doctora Matute Villaseñor dijo que las mujeres tienen mayor propensión por factores sociales.
“La mayor prevalencia de la enfermedad de Alzheimer en las mujeres y en países del sur global sugieren que la construcción del pensamiento podría dar cuenta de este sesgo en diversos contextos; tienen menor escolaridad y las expectativas familiares las alejan de la escuela. Además, en los países del sur global tienen condiciones de salud precarias y menor acceso a una educación de calidad que los países del norte global”, dijo.
Para Matute Villaseñor, cuando la persona en su infancia y a lo largo de la vida no logra relacionar distintas unidades de información para obtener un nuevo conocimiento, tiene riesgos de procesos demenciales.
“Es aquí que ocurre una interrupción, y se es más proclive a procesos demenciales; la construcción inconclusa antecede a la destrucción del pensamiento”, concluyó.
Texto: Prensa UdeG
Fotografía: Iván Lara González





