María Galindo, escritora boliviana; y, la poeta de origen zapoteco Natalia Toledo, sostuvieron una conversación en el jardín Guerrero de la capital queretana, dentro del programa del Hay Festival Querétaro 2026.
Durante la sesión abordaron varios puntos, entre los cuales destaca cuando Galindo dijo que aconseja una lectura, se trata de la bibliografía feminista imprescindible, consiste en leer la calle, el cuerpo de tu madre, la cárcel de tu ciudad, las esquinas, la noche y, tu contexto histórico, que eso no es leer un libro, eso es el acto de leer, es comprender dónde estás.
Más tarde en su oratoria, exclamó ¡Nosotras somos un síntoma! No son una causa, son una prueba de que hay esperanza y cualquier cantidad de cosas que hacer, incluso hay miles de personas a quienes les pueden decir vamos allá a darle comida a toda la gente; y, aceptan.
En este contexto, la activista remarcó que se debe cuestionar el sistema financiero empobrecedor. Aunado a lo anterior, aseguró no concordar con que los jóvenes están escépticos, sin embargo, nos ubicamos repitiendo el guion distópico de Hollywood y Trump, pese a ello, somos capaces de sembrar esperanza.
En Bolivia le dijeron quien debía ser la próxima presidenta del país, estuvo cerca de decir que sí, pero se negó a hacer lo propuesto. al darse cuenta que la estructura con la que iba a actuar la iba a convertir en algo como caballo de Troya, por ende, prefirió no ser una mentira, dado que no requiere absolutamente nada más que alegría, amor y placer para vivir.
Bajo esta tesitura, Galindo hizo notar cómo Bolivia es un «paisucho» visto desde México, pero reúne cualquier cantidad de chiflados y chifladas que están originando experiencias pedagógicas a fin de que niños y niñas aprendan más rápido, no haya violencia en el aula y haya respeto a la salud de los pueblos indígenas; son pequeñas experiencias que sumadas, generan mucho más que todo el sistema educativo oficial, lo mismo sucede en economía y agroecología.
En consecuencia, llamó a empezar a recoger y añadir singularidades, puesto que tenemos mucho que ofrecerle a nuestra sociedad y al mundo entero y al mundo entero, pero si nos dejamos colonizar por décima vez, apaga la luz y vámonos.
Únicamente la lucha social puede aportar una circulación de esperanza, placer y fiesta, así como una dosis de exageración y de poesía, entonces queda mucho espacio para el amor y el hedonismo, ella se considera hedonista antes que feminista. Consecuentemente y para finalizar su intervención cuestionó ¿Por qué tendríamos que dicotomizar la lucha del placer, del amor y de la alegría?
(7:)






