Mireya del Carmen Gaytán Arias, desarrolló la ponencia Ecos del ocaso novohispano: música, espacio y devoción en el Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo, dentro del Congreso Santa Rosa de Viterbo: Culto y Devoción.
La maestra Gaytán Arias concluye en que la ausencia de partituras precedentes del Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo podría sugerir, en un primer momento la imposibilidad de conocer su pasado musical, pese a ello, la investigación exhibida a lo largo de su presentación muestra que la historia sonora de un espacio no depende solo de la conservación de su repertorio escrito.
Por el contrario, el cruce de distintas fuentes hace viable reconstruir, aunque sea parcialmente, la importancia tenida por la música dentro de la vida cotidiana y devocional de las colegialas.
Entretanto, los libros de cuentas revelan un calendario litúrgico en el que el canto ocupaba un lugar constante, al menos 132 misas cantadas al año a las que se añadían celebraciones extraordinarias, que para 1803 facilitan identificar al menos 141 intervenciones musicales.
La costumbre no hace posible ir más allá de la cifra; y, aproximarnos a la experiencia de esas celebraciones, los horarios, los desplazamientos hacia el coro, los rezos, las fiestas y las prácticas que organizaban el tiempo cotidiano de la comunidad.
Del mismo modo, tanto los textos conservados como la notación musical recuerdan entre otros aspectos relevantes, que la música no depende necesariamente de la partitura para existir, transmitirse o permanecer en la memoria.
Por su parte, el espacio arquitectónico conserva otras huellas de esta actividad. Los coros, los órganos y los vestigios materiales del instrumento desaparecido hacen pensar en el estrecho vínculo entre arquitectura, práctica musical y experiencia devocional.
En otro orden de ideas, Mireya refiere que el exvoto del lugar de Jesús introduce una dimensión individual dentro de esta reconstrucción. Detrás de las cifras y los documentos existieron mujeres concretas que cantaron, ejecutaron instrumentos y participaron activamente en la construcción sonora de su comunidad.
De esta forma, más que reconstruir con exactitud cómo sonaba Santa Rosa de Viterbo, algo que las fuentes disponibles hacen inviable afirmar, la presente investigación propone recuperar las huellas de su mundo sonoro, ecos fragmentados, una cuenta, un horario, un texto, un órgano, una imagen. Juntos, estos testimonios permiten reconocer que la música no fue un elemento accesorio de la vida religiosa, sino una práctica capaz de organizar el tiempo, habitar el espacio y dar forma a la experiencia devocional de las mujeres al interior del Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo.
Para finalizar su intervención, la historiadora hizo resaltar que tal vez la manera de escuchar el ocaso novohispano, no es atendiendo a una voz aislada, sino a los ecos que permanecen dispersos entre los archivos, los muros y la memoria de sus espacios.




