Guillermina Ramirez Montes «Mina», investigadora e historiadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), hizo notar que la Sacristía en Santa Rosa de Viterbo, corresponde al momento en que la Iglesia se termina. Es decir, en 1752, aunque sus retablos son posteriores.
Más adelante, dio principio a la explicación de la pintura Hortus Conclusus, que sería traducido como huerto cerrado, representa un espacio protegido, íntimo y privado. También simboliza la virginidad de María y de las colegialas vírgenes en aquellos huertos.
La temática tiene su origen cuando el esposo dice en el Cantar de los Cantares: «Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada. Tu plantel es un vergel de granados, de los más exquisitos frutales, de cipreses y de nardos, de nardos y azafranes, de canela y sinamón, de todos los árboles aromáticos, de mirra y de todos los más selectos balsámicos. Eres fuente de jardines, pozo de aguas vivas que fluyen del Líbano».
La rosa tiene el primer lugar entre todas las flores y de cierto modo es la reina de todas, como lo es María entre todas las mujeres, destacó la investigadora, al acentuar que también es símbolo del dolor por las espinas clavadas en el corazón de María por la pasión de su hijo.
En tanto que, la función de María en el huerto radica en fungir como custodia de las niñas moradoras del colegio, a quienes da amoroso cuidado y protección, encaminándolas a la salvación.
Al respecto, trajo a la memoria que la devoción de María como divina pastora surge en Sevilla. Precisamente en 1703, cuando fray Isidoro de Sevilla, religioso capuchino, quien dijo haber tenido una revelación mística donde vio a María, acudió al artista Alonso Miguel de Tovar para que la pintara conforme a indicaciones precisas.
Él le dice que “en el centro y bajo la sombra de un árbol, la Virgen Santísima sedente en una peña, irradiando de su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto hasta las rodillas de blanco pellico, ceñido a la cintura. Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá el contorno de su cuerpo, y hacia el derecho, en las espaldas, llevará el sombrero pastoril, y junto a la diestra aparecerá el báculo de su poderío. En la mano izquierda sostendrá unas rosas y posará la mano derecha sobre un cordero que se acoge hacia su regazo. Algunas ovejas rodearán a la Virgen, formando su rebaño, y todas en sus boquitas llevarán sendas rosas, simbólicas del avemaría, con que la veneran. En lontananza se verá una oveja extraviada y perseguida por el lobo el enemigo emergente de una cueva con afán de devorarla, pero pronuncia el avemaría, expresado por un rótulo en su boca, demandando auxilio; y aparecerá el arcángel San Miguel, bajando del Cielo, con el escudo protector y la flecha, que ha de hundir en el testuz del lobo maldito”.
En este contexto, añadió que la descripción de la obra del pintor mexicano o queretano de Santa Rosa del Viterbo, está dispuesta de forma similar a la obra de Tovar, es decir, María con atuendo de pastora, túnica roja, cubierta blanca y manto azul, rodeada por cinco corderos; uno de ellos es acariciado, seguramente el que representa a Cristo.
El jardín está bardado. Desde esa dimensión, el espectador es capaz de apreciar el escenario interior, pero no traspasarlo, puesto que tras él se revela la vida cotidiana de las moradoras, beatas, monjas y niñas que cultivan el huerto. Unas se enfocan en recolectar los productos de la tierra mientras otras llevan el agua de la fuente, en cuyo arcén, brocal o cerco, se lee fons signatus o fuente sellada, correspondiente también al Cantar de los Cantares, haciendo referencia a la virginidad.
Arriba, en el surtidor de agua, hay una filacteria que dice, Haurietis Aquas In Gaudio D Fontibus Salvatoris, que quiere decir, Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Lo que puede interpretarse como el acceso gozoso a la gracia y al don ofrecido por Dios, al obtener el agua de la vida; acabará permanentemente la sed.
De igual modo, las flores son apreciadas, se podrían identificar con los nardos referidos en el Cantar de los Cantares. Con su perfume fueron ungidos los pies de Jesús por María Magdalena, asociándolos en este caso, con la humildad. Aunque paradójicamente, su exquisito perfume es enaltecido por su valor.
Mina considera que la simbología va más allá en este huerto, significando la pureza, el amor profundo y la espiritualidad. En el centro, se observa a Cristo crucificado en el árbol de la vida; de su costado emana la sangre depositada en el vaso sagrado que un ángel sostiene, mientras que la siniestra forja una cartela con el mensaje de una homilía de San Juan Crisóstomo.
A los pies de la cruz los corderos representan al género humano, están pendientes del dolor y de la muerte del Hijo de Dios hecho hombre. Todos portan rosas, símbolo de pasión, sufrimiento y belleza.
En la iconografía cristiana, la rosa se asocia con la sangre de Jesús, que es alimento de la vida espiritual del cristiano. En tanto que, la rosa nació, se dice, de las gotas hechas sangre derramada, o bien, actúa como camas donde la misma se recoge.
Desde la edad media es símbolo mariano. La virgen es llamada rosa sin espinas. Abajo de la imagen de Cristo crucificado se menciona una frase proveniente del Evangelio de San Juan: «ubi crucifixus est, hortus».
El pasaje de San Juan describe el sitio del entierro de Jesús: «Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno».
En el lado izquierdo, una custodia descansa en un panal. En su entorno vuelan algunas abejas, y sobre ella, una filacteria con una loa del Cantar de los Cantares. Al fondo de la escena, continúa el huerto, la cerca que lo secunda se hace más alta, y posterior a ella, se anuncia el paraíso.
En tanto que, Cristo muere precisamente en el madero del árbol de la vida. Su sangre es recogida por un ángel.
En otro punto, recordó que en 1768 fue publicada en Valencia la traducción de la Litaniae Lauretanae (Letanía lauretana de la Virgen Santíssima) del jesuita alemán Francisco Xavier Dornn. Ese libro incluye grabados de los hermanos Joseph Sebastian y Johann Baptist Klauber.
Esa letanía, la cual, haciendo a un lado, el hermetismo emblemático de los siglos XVI y XVII, interpreta de manera asequible los mensajes, e incluye oraciones breves que realmente podían ser recitadas a los fieles.
Por otra parte, destacó que aún sería factible analizar con detalle cada una de las flores y tratar de ver su significado. Dado que es un huerto, no hay solamente unas flores, hay rosas y nardos, pero seguramente hay otras flores que tienen un significado vinculado especialmente con María.
Todo lo bello se le atribuye siempre a alguien, destacó Guillermina Ramírez, quien para finalizar su intervención precisó que al tratarse de un cuadro anónimo, sin contar con una firma ni documentación que posibilite el rastreo de su procedencia o comercialización, es inviable asegurar su autoría. Por tal motivo, es más robusto sostener que el artista novohispano José de Páez pintó en la cúpula, porqué ahí está su firma. Sin embargo, es desconocido qué hizo exactamente, aunque cuando estuvo en Querétaro durante esa época pudo haber pintado esa maravilla. No obstante, lo realmente asombroso es la condición en que se conserva.









