La Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, es una de las más antiguas de la Catedral Metropolitana de CDMX, obra concluida hacia 1600; estuvo dedicada a la Archicofradía del Santísimo Sacramento, y fue decorada suntuosamente.
En 1807, José Antonio González Velázquez, director de arquitectura de la Real Academia de San Carlos, encabezó el proyecto renovador de la decoración de estilo neoclásico con los altares en cantera labrada, estucada y dorada.
La dedicatoria a Nuestra Señora de los Dolores, cuando en el altar central fue situada una imagen con cabeza, manos y pies en madera tallada y policromada, obra del siglo XIX de Francisco Terrazas que, anteriormente estuvo en el Palacio ocupado por Maximiliano de Habsburgo (1832-1867).
En el retablo central está Nuestra Señora de los Dolores, flanqueada por esculturas del siglo XIX que representan a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Santísima Virgen María. En tanto que, una cruz de madera con la imagen de Cristo en marfil, puede ser admirada en el Sagrario, obra de Mariano Zea.
El mariano San Francisco de Asís (1181-1226), junto a San Agustín (354-430) y San Jacinto (1185-1257), están situados en el altar lateral derecho, mientras en el izquierdo se ubican los también marianos, Santo Domingo de Guzmán (1170-1221), San Vicente Ferrer (1350-1419) y Santo Tomás de Aquino (1225-1274). Las piezas representativas de los tres últimos así como la de San Francisco, fueron creaciones de Clemente Terrazas en 1809. Las otras dos obras también se realizaron en ese siglo, pero su autoría es anónima.
La Iglesia católica, como es sabido, honra a la Santísima Virgen en los padecimientos sufridos a lo largo de su vida. La devoción hacia la Dolorosa dio principio en Flandes a principios del siglo XV.
Hay una fiesta eclesiástica que halla origen en el Sínodo de Colombia de 1423, a manera de contraste a la serie de las Siete Casas. Posteriormente fue celebrada por la Orden de los Servitas y llega a España en el siglo XVI, donde se hizo popular en el transcurso de los siglos XVII y XVIII, incluso, continuó durante casi todo el siglo XIX. En lo particular, el Papa Pío VII hizo posible su extensión en la iglesia latina, a causa del recuerdo de las pruebas enfrentadas por la Iglesia y la cautividad del Papa bajo el emperador Napoleón Bonaparte en 1814.
En el arte europeo este tema fue muy frecuente, especialmente en la pintura flamenca del siglo XVI.
Sin espadas, emerge en el siglo XVI la representación solidaria de la Virgen de los Dolores, y puede personificar a la Iglesia que debe seguir la misión de Cristo pese a los sufrimientos.
La Dolorosa se exhibe visualmente en todos los cuadros más antiguos, como una matrona en actitud de recogimiento, rodeada de siete escenas representantes de los siete dolores de su vida.
Al respecto, la devoción trae a la memoria básicamente siete momentos de sufrimiento mencionados enseguida:
1. La Presentación de Jesús en el Templo y la profecía de Simeón.
2. El escape de la Sagrada Familia a Egipto.
3. Se pierde el Niño Jesús en el Templo de Jerusalén.
4. Rumbo al Calvario se hallan María con Jesús.
5. La muerte de Cristo en la cruz.
6. El descenso de Jesucristo y su colocación en los brazos de María.
7. La sepultura de Cristo y la soledad de la Virgen María.
La imagen sería objeto de una simplificación y, a partir del siglo XVII aparece con un puñal clavado en el pecho, a fin de aludir a la profecía del anciano Simeón: «y a ti una espada te atravesará el alma» (Lucas 2,35).
En Italia y España se encuentra el tema de la espada durante el siglo previamente citado. A la postre sería replicado el puñal y se representan siete. Algunas veces aparecen rodeando a María, incluso pueden estar en la franja del manto los instrumentos de la pasión: tenazas, clavos, escaleras, lanza, esponja y corona de espinas, etc.
Del mismo modo, resulta factible localizar pasajes de la Escritura o la tradición, alusivas a la pasión, en concreto: «Oh vosotros los que vais por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor» «O vos omnes qui transitis per via, considerate et videte si est dolor sicut dolor meus» (Lamentaciones 1,12).
Esta idea central tuvo una predilección especial en los pintores españoles de la Contrarreforma, en donde fue nombrada La Soledad.

















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Gracias por tan interesante material