Se realizó la Misa de la Cena del Señor en la Parroquia de Santa Ana

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José Armando Vargas Gutiérrez, párroco de Santa Ana, realizó la celebración de la Sagrada Eucaristía de la Cena del Señor este Jueves Santo, e hizo notar que al instituirse la Pascua de la nueva alianza, celebramos grandes regalos de Jesús. Con el propósito de que podamos estar con Dios Padre, él sacrifica su vida. En la nueva Pascua solo se sacrifica un cordero, el de Dios, se trata del pastor inmolado.

Después de la última cena, Jesús será abandonado a la peor de las muertes, se está despidiendo y dejando su testamento. En este contexto, Santo Tomás dice que la Santa Misa es el milagro más grande porque tenemos a Cristo.

Por su parte, Judas se introdujo en las tinieblas y no se dio cuenta que Jesús nos dejaba su cuerpo y sangre. En la Pascua celebramos que Cristo fue hijo obediente y no un héroe.

Debemos vivir la Misa como el regalo de Cristo que se quedó con nosotros, está en los sagrarios para acompañarnos, es el maná hacia la patria prometida. Él no quiere dejar solos a sus discípulos presentes, aunque serán frágiles en abandonarlo.

Bajo esta misma línea, el padre Armando hizo resaltar que también dejó a los sacerdotes integrantes de un solo sacerdocio de Cristo.

Posteriormente, recordó lo sucedido ayer, cuando se agradeció en la Diócesis de Querétaro por el regalo del sacerdocio, donde hubo una liturgia penitencial para presentarse al Triduo Sacro, todos los sacerdotes se confesaron.

Aunado a lo anterior, destacó lo hermoso de creer en lo que es el sacerdote, y sus funciones de santificar, guiar a su Iglesia además de enseñar. El mandato del amor con el mandamiento nuevo, no es opcional vivirlo, dado que si no amas, ofendes y traicionas, porque la vocación cristiana radica en amar. «Amarse los unos a los otros como yo los he amado», constituye un distintivo fundamental de quienes siguen a Cristo; al respecto, Santa Teresa de Calcuta remarcó la importancia de dar hasta que duela.

De que nos sirve comer juntos el pan en las Iglesias si luego nos lo quitamos, dijo Armando, al precisar cómo los discípulos que comieron y bebieron con Jesús, fueron débiles, y, especificó que debemos ofrecernos al Padre con Jesús, por eso después de recibirle en el altar, debemos ser mejores laicos.

Para finalizar su intervención, acentuó que esta tarde nos vuelve a decir cuánto nos ama. Señor Jesús ayúdanos a ser fieles a ti hasta la muerte, que así sea.

 

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