- La primera exposición retrospectiva en México de la artista reúne más de dos décadas de trabajo
- Se articula en tres núcleos que exploran corporalidades, desplazamientos y construcciones sociales de género
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través del Museo de Arte Carrillo Gil (MACG), presentan “María Ezcurra. Líneas de fuga”, exposición que revisa la trayectoria de la artista mexicano-canadiense nacida en Argentina. La muestra se estructura en torno a la noción de “fuga” como estrategia de resistencia frente a normas sociales, mandatos de género y fronteras geopolíticas.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, dijo que “esta exposición nos invita a pensar cómo el arte contemporáneo puede abrir preguntas urgentes sobre el cuerpo, la migración y las construcciones sociales de género. A través de una obra que cruza trayectorias, materiales y experiencias, María Ezcurra plantea una mirada crítica sobre nuestro tiempo y sobre las formas en que habitamos la identidad, el territorio y la memoria”.
Durante la presentación, la curadora invitada Nuria Carton de Grammont; la curadora del MACG, Fernanda Ramos Mena, y la artista compartieron los ejes conceptuales y el proceso curatorial.
Nuria Carton comentó que la exposición “reagrupa 20 años de carrera artística de María Escurra y cómo María trabaja diferentes materialidades, texturas, conceptos y temas, tomando como punto de partida el textil, el vestido, ropa, el calzado y algunos objetos cotidianos como una herramienta estética y política, que va más allá de lo cotidiano”.
Subrayó la importancia de “no perder de vista la visión hemisférica del trabajo de María Ezcurra”, al destacar su trayectoria entre América Latina y Canadá.
La exposición –que se conforma de instalaciones, esculturas, dibujos y archivo fotográfico de performance– se articula en tres núcleos que dialogan entre sí. Ramos Mena comentó: “Se titula ‘Líneas de fuga’ porque se pensaba en la fuga como una ruptura de estructuras, de posicionamientos y de estereotipos”, y, aunque existe la división temática, “no hay una linealidad dentro de la exposición”.
En el primer núcleo, dedicado a las materialidades del cuerpo, se presentan textiles y objetos cotidianos que funcionan como extensión corporal. María Ezcurra explicó que parte de su investigación se centra en materiales como las pantimedias, que utiliza para construir piezas que remiten a la presencia y ausencia del cuerpo.
“Son materiales que funcionan como punto de partida para pensar el cuerpo desde lo que queda y lo que se transforma”. Con las piezas Tensión y Ni una más abarca aspectos de estereotipos, género y violencia sexual, que son temas que enfrentan las mujeres en México desde los noventa.
Ramos Mena agregó que se busca señalar “las expectativas sociales que existen alrededor de lo femenino”, a partir de piezas que cuestionan los roles asignados históricamente a las mujeres.
En el segundo núcleo, se abordan trayectorias personales y colectivas vinculadas a procesos migratorios. Carton indicó: “Tiene que ver con la historia migratoria y diaspórica –se refiere a la experiencia, identidad o cultura de comunidades dispersas fuera de su lugar de origen, manteniendo vínculos con su patria— de la artista”, la cual se inscribe en movimientos más amplios entre América Latina y Canadá.
Resalta la pieza Cartografías del desplazamiento “que no solamente habla de la relación, simbólica, cultural, política, social de reconstruir una identidad de manera individual y colectiva, sino de los desplazamientos con nuestros aliados no humanos y más que humanos, los pájaros”, compartió a su vez la artista.
Dicha pieza, agregó, se compone por 154 dibujos, todas, de aves migratorias neotropicales, un paralelismo simbólico de las migraciones humanas y no humanas.
En el tercer núcleo se plantea una crítica a las construcciones sociales de género a través de la ironía, la imagen aplanada de las expectativas sociales alrededor de lo femenino y cuestiona figuras como la mujer servicial dentro del ámbito doméstico, explicó Ramos Mena.
Se refuerza con piezas performáticas que abordan el rol de cuidado y servicio como imposición cultural. La curadora señaló que las obras evidencian cómo dichos modelos se reproducen y se tensionan en la vida cotidiana.
De manera transversal, la exposición integra materiales reciclados y objetos encontrados que construyen una “arqueología de la memoria”, en los que cada elemento conserva rastros de experiencias individuales y colectivas, explicó el equipo curatorial.






