La Iglesia Católica inicia el tiempo litúrgico de la Cuaresma con el miércoles de ceniza. En el transcurso de los cuarenta días siguientes, por medio de la oración, la vivencia del ayuno, y la limosna, la feligresía se alista para la Semana Santa, lapso en que la Iglesia se enfoca plenamente a la contemplación de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
En el Miércoles de Ceniza se insta a la conversión y camino pascual. El celebrante imprime con ceniza la señal de la cruz en la frente de cada fiel, mientras dice: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15), también menciona la otra fórmula empleada durante la imposición de las cenizas: «acuérdate que eres polvo y al polvo volverás» (Gen 3, 19), de esta forma se acentúa el recuerdo que la frágil vida humana tiene caducidad, e inevitablemente llegará la muerte.
Resulta de suma importancia tener en mente que una vida con mayor plenitud únicamente se logra mediante la conversión personal, bajo está misma línea, el papa León XIV nos resalta en su mensaje para la Cuaresma, dicho el 13 de febrero de 2026 que, el itinerario cuaresmal se transforma en una inmejorable oportunidad para escuchar la voz de Dios y renovar nuestra decisión decisión de seguir a Cristo, y sea posible andar con Él, el camino que sube a Jerusalén, precisamente al sitio donde es cumplido el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Evangelio de la misa del día (Mateo 6, 1-6. 16-18)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará».






