Oscar Ulises Cancino, director de La Hija del aire, que ofrecerá funciones del 12 al 22 de febrero, en el Foro Antonio López Mancera del Cenart, se dijo sumamente orgulloso de celebrar junto con la Escuela Nacional del Arte Teatral (ENAT), los ochenta años de experiencia académica de esta institución, que representa una de las cartas formativas más importantes de este país. Además, resulta idónea la celebración presentando un resultado a través del montaje antes citado, toda vez que, éste parte de las aulas del ENAT; intervienen egresados, enamorados, tanto del verso como de una formación profesional.
En otro punto, habló con sinceridad al precisar lo difícil que es sintetizar un pensamiento tan alto como el Calderoniano, sin embargo, en la primera parte de este montaje se enfocaron en conservar el espíritu de la ascensión al poder y su entramado.
Bajo esta tesitura, piensa que hilando los personajes y sus trayectorias, además de tomar en cuenta cómo sería posible llegar a un discurso que nos hable sobre el estado actual de la humanidad, son aspectos que constituyen uno de los puntos nodales que dieron lugar a una síntesis, la cual, debería apoyarse con la expresión del cuerpo; y, la propuesta del movimiento corporal y coreografías.
Al respecto, hizo notar la maravillosa intervención de la Mtra. María Evelia Kochen Beristáin, quien resolvió la situación para generar claridad e hizo posible integrar lo necesario en el montaje, a fin de suscitar una síntesis sin cortar el verso Calderoniano, y así, tratar de conectar los puntos nodales, capaces de llevarnos a una expresión más cercana al oído del espectador contemporáneo.
Bajo esta misma línea, destacó que se apoyaron en el texto de Pedro Calderón de la Barca en lugar de cambiarlo, incluso, aumentaron la exigencia a estos versos, aptos para sostener el conflicto; y, hacer que esta nueva adaptación, pudiera pasar de una forma eficaz y contundente para su visión.
Cancino destaca la idea de un presente reconocible, donde las texturas y los colores arena nos recuerden un desierto actual, como el de los campos de refugiados en Gaza; o, la misma destrucción de esta ciudad. Todo aquello que nos hace vibrar y no nos permite mantener los ojos apartados de esas desgracias terribles acontecidas en Oriente Medio, pero que también nos afectan, era importante de tener en la propuesta de vestuario.
Al presente, trabajan en un espacio vacío, donde con el esfuerzo del reparto de actores y sus coreografías, logran hacer las atmósferas con el mismo equipo actoral sin la dependencia de una escenografía, no obstante, se cuenta con el ojo de Edgar Mora, responsable del trabajo de iluminación, destinado a enmarcar las atmósferas y el espíritu contemporáneo de estas guerras de Oriente Medio, que brinda un arropo inteligente a la propuesta escénica y nos recuerda un futuro, ya dispuesto en nuestras manos.
Así, estos componentes, han sido un foco importante con el propósito de darle al montaje, la posibilidad de que el espectador vea en la libertad de un espacio creativo y vacío, la conexión con el presente.
Paulina Hegewish con su diseño sonoro, también se enfoca en el presente o lo que llaman futuro reconocible; y, abona a hacer factible, traernos a un conflicto de interés para todos, en relación con el exceso y creencia exagerada del poder, además de los gobernantes que actualmente tenemos en el escaparate. Contar con el juego de sonoridades óptimo, facilitó generar el recuerdo de los desiertos de hoy en día, pertenecientes a Siria, Líbano, Gaza, Irán y, en general al Medio Oriente. Así fueron capaces de partir desde este fenómeno bélico con la propuesta mística del texto original, hacia la puesta contemporánea.
Sobre la apoteosis del poder que significa La hija del aíre, y el germen de la megalomanía despertado durante la primera parte, no únicamente en el personaje central de Semíramis; Cancino, piensa que tanto en el caso del rey Nino, como en la hermana Irene, y el príncipe destronado; Lísis, en estos estatutos de poder, quisieron dar un enfoque especial.
Además, tuvieron una perspectiva específica en los personajes graciosos, quienes también están hablando del pueblo llano, agraviado por las repercusiones de verse abatido e inmerso en guerras. Por tal motivo, se dieron la oportunidad de darles, sobre todo a la graciosa Sirene, esta postura del pueblo que sufre y se le escucha poco, pese a recibir todos los conflictos con mayor severidad.
Aunado a lo anterior, en su nueva adaptación, motivaron el confrontamiento entre los dos polos dentro de la propuesta de Calderón, sin perder la máxima exaltación del poder ni el delirio de grandeza, ejercidos en cada uno de los personajes, con su agresividad al momento de tener el poder en las manos. En consecuencia, al público de a pie le sonará muy cercano, debido a todo lo visto y escuchado diariamente en las noticias.
Desemboca en algo por demás interesante el abordaje del verso Calderoniano con un reparto actoral emanado del ENAT, donde consiguieron el aprendizaje requerido, dado que, tuvieron un año formativo en verso dramático, muy distinto al declamado, y aprendieron no únicamente a amarlo, también a encontrar la síntesis y la forma de expresión. De ahí que, el sentimiento intenso por hallar la organicidad en el verso, el conflicto, el discurso, el personaje, la ascensión de la mística actoral e interpretativa de la ficción, hace que el verso del montaje en particular, suene distinto. Hay un trabajo clave por parte de una formadora muy valiosa para el ENAT, como es la maestra Evelia Kochen, quien logra dar un sentido de abstracción deseado al discurso en La hija del aíre, por lo que se refiere a la creación corporal y el diseño escenográfico.
El texto de La hija del aíre es destacado por Cancino, como uno de los más altos del barroco castellano, asimismo, resalta que a través de su aportación a la contemporaneidad, mantiene una vigencia acentuada sobre el momento tan complicado de la gestión del poder, el aprendizaje que hemos adquirido después de dos guerras mundiales, el intervencionismo y tantas disputas por los recursos naturales. Lo hecho por Calderón aporta a nuestro presente, mientras Cancino y el talento humano que le acompaña, únicamente buscan recrear esa idea.
El punto principal es la vulnerabilidad humana ante el poder, remarcó el creativo, al acentuar que pretenden originar conciencia sobre cómo poseer esta capacidad te cambia, y es notoria la fragilidad del desapego a la ética. La obra es una apología del poder, cuenta la historia de una reina siria que escala posiciones hasta convertirse en una tirana. La ambición del poder suele tornarse imparable, ese es el aspecto de mayor trascendencia que el público debe llevarse tras la reflexión.
En ocasiones la historia del clásico La hija del aíre es rara vez presentada, no únicamente en el mundo hispánico, y darse la oportunidad de escuchar los versos magistrales de Calderón de la Barca es de suma valía, enfatizó Oscar Ulises Cancino, quien para finalizar su intervención, sugirió aprovechar esta puesta en escena para asistir al teatro, que constituye un punto de salvación del ciudadano de a pie, donde puede hallar reflexiones diferentes a las de la televisión, así como la posibilidad de aprender, imaginar y pensar de una forma más lúdica e interesante. El teatro sin el público no existe, derivado de lo anterior, estarán felices de recibirles y tomen parte de esa comunidad teatral.






